Los fondos de pensiones privados de Chile se encuentran en una batalla por la supervivencia, tambaleándose bajo el golpe de afrontar miles de millones de dólares en retiros mientras los políticos y los movimientos sociales atacan un sistema que alguna vez fue visto como un modelo para el mundo. Los chilenos han sacado más de 30.000 millones de dólares de sus ahorros para la jubilación en el último año y el Congreso autorizó una tercera oleada que podría elevar la cifra a más de 50.000 millones, lo que dejaría a los fondos de pensiones con unos 180.000 millones en activos de renta variable y fija. De hecho, ahora muchos legisladores piden que se desmantele todo el sistema.

Creadas durante la dictadura de Augusto Pinochet con el asesoramiento de los economistas del libre mercado conocidos como los Chicago Boys, las pensiones privadas que los chilenos deben financiar son un pilar del sistema del país. Los ahorros que han generado en las últimas cuatro décadas han dado a los mercados de crédito locales y al peso una estabilidad que es la envidia de los morosos en serie, como Argentina o Ecuador, e impulsaron a países como Perú y Colombia a adoptar estructuras similares. Sin embargo, muchos se quejan de que los fondos no han proporcionado pensiones decentes.

La desconfianza en el sistema y la necesidad de dinero en efectivo hicieron que los chilenos se apresuraran a sacar dinero de sus cuentas de ahorro cuando la pandemia obligó al gobierno a cerrar gran parte de la economía. Algunos legisladores chilenos, con la vista puesta en las elecciones presidenciales y parlamentarias de noviembre, proponen ahora normas que permitan una cuarta retirada de pensiones. Además, los legisladores exigen otros cambios, como un impuesto sobre el royalty de la gigantesca industria del cobre y un gravamen a los súper ricos, como el propio presidente Sebastián Piñera.

LChR