Desde el retraso en las entregas de automóviles hasta la escasez de suministros de electrodomésticos y el encarecimiento de los smartphones, las empresas y los consumidores de todo el mundo se enfrentan a una escasez sin precedentes de microchips semiconductores.

La escasez se debe a una confluencia de factores, ya que los fabricantes de automóviles, que cerraron sus fábricas durante la pandemia de COVID-19 del año pasado, compiten con la creciente industria de la electrónica de consumo por el suministro. Los consumidores se han abastecido de ordenadores portátiles, consolas de videojuegos y otros productos electrónicos durante la pandemia, generando una agresiva reducción del inventario. También compraron más automóviles de los que los responsables de la industria esperaban la pasada primavera, lo que supuso una mayor presión sobre los suministros.

¡Espere! Hay más

Como si hicieran falta razones para empeorar la situación, las sanciones contra las empresas tecnológicas chinas agravaron la crisis. La escasez, que en un principio se concentraba en la industria automovilística, se extendió a otros productos electrónicos de consumo, como teléfonos inteligentes, frigoríficos y microondas.

Con todas las empresas que utilizan chips en la producción haciendo compras nerviosas para reforzar sus inventarios, la escasez redujo la capacidad y disparó los gastos incluso de los componentes más baratos de casi todos los microchips, lo que incidió lógicamente en los precios de los productos finales.

 

Los automóviles, los más afectados

Los automóviles dependen cada vez más de los chips, desde la gestión informática de los motores para mejorar el consumo de combustible hasta las funciones de asistencia al conductor, como el frenado de emergencia. La crisis, por tanto, obliga a muchos a reducir la producción de vehículos menos rentables. General Motors y Ford son algunos de los grandes fabricantes de automóviles que anunciaron recientemente que reducirían la producción, uniéndose a otros fabricantes de automóviles como Volkswagen, Renault, Subaru, Toyota y Nissan.

La escasez de chips semiconductores para automóviles podría afectar a casi 1,3 millones de unidades de la producción mundial de vehículos ligeros en el primer trimestre, según la empresa de datos IHS Markit. La firma dijo que el incendio en una fábrica japonesa de chips propiedad de Renesas Electronics, que representa el 30% del mercado mundial de unidades de microcontroladores utilizados en los coches, ha empeorado la situación.

El fuerte clima invernal en Texas también ha obligado a Samsung Electronics, NXP Semiconductors e Infineon a cerrar temporalmente sus fábricas. Las dos últimas son importantes proveedores de chips para automóviles, y los analistas prevén que las interrupciones se sumen a las carencias del ya maltrecho sector.

Asia, sin existencias

En la raíz de la crisis está la falta de inversión en las plantas de fabricación de chips de 8 pulgadas que pertenecen en su mayoría a empresas asiáticas, lo que significa que han tenido problemas para aumentar la producción a medida que la demanda de teléfonos y portátiles 5G aumentó más rápido de lo esperado.

Qualcomm, cuyos chips están presentes en los teléfonos de Samsung, es uno de los principales fabricantes de chips que está luchando por mantener el ritmo de la demanda. El principal proveedor de Apple, Foxconn, también advirtió que la escasez de chips afectaba a las cadenas de suministro a los clientes.

En la actualidad, la mayor parte de la producción de chips se realiza en Asia, donde grandes fabricantes por contrato como Taiwan Semiconductor Manufacturing y Samsung se encargan de la producción para cientos de empresas de chips diferentes. Las empresas de semiconductores estadounidenses representan el 47% de las ventas mundiales de chips, pero sólo el 12% de la fabricación mundial se realiza en ese país.

¿Cómo se está solucionando el problema?

La construcción de las fábricas cuesta decenas de miles de millones de dólares, y ampliar su capacidad puede llevar hasta un año para probar y calificar herramientas complejas. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pidió 37.000 millones de dólares en una nueva legislación para impulsar la fabricación de chips en el país.

En la actualidad, hay cuatro nuevas fábricas previstas: dos de Intel Corp y una de TSMC en Arizona, más otra de Samsung en Texas.

China también ha ofrecido un sinfín de subsidios a la industria de los chips en su intento de reducir su dependencia de la tecnología occidental.

LChR/Serenuty Markets